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Para re/vivir el centro

Publicado en Opinión

 

Por Juan Palomar Verea

Marzo 2014

 

Se ha hablado mucho del tema. A lo mejor demasiado. Lo que es necesario es actuar. Mientras no haya quienes repueblen y vivan en el Centro de Guadalajara todo lo demás que se intente hacer en esa demarcación será secundario, accesorio, en el peor de los casos decorativo. Y el municipio sigue, dramáticamente, perdiendo habitantes.

 

 

 

Muy recientemente dos muy jóvenes arquitectos pasaron de los dichos a la acción y cambiaron su domicilio a las inmediaciones del Jardín de San José de Gracia, mediante una módica renta. Inmediatamente descubrieron un mundo distinto, variado, atractivo, a veces contradictorio. La marcha a pie y las bicicletas se volvieron centrales en sus vidas: tantas cosas quedan a mano —o a unos pedalazos. Para otros casos existen dos líneas de Tren Ligero a pocas cuadras, cualquier cantidad de camiones rumbo a todos lados (ventaja considerable y también problema de ruidos, congestionamiento y humos). Coches de sitio en abundancia, y hasta calandrias. El coche particular fue a dar a una módica pensión a una cuadra de distancia y nomás sale cuando de veras se ocupa.


En el Centro de Guadalajara los espacios disponibles para la habitación son con mucha frecuencia amplios, económicos, y de estimables características arquitectónicas y aun patrimoniales. Las opciones para desayunar, comer o cenar son múltiples, frecuentemente muy ricas. Gran cantidad de mercados, fondas y cenadurías garantizan una alimentación fresca, variada y amena. El comercio de todos los giros, los equipamientos y los servicios son legión. Lo que se puede hacer culturalmente es afortunadamente muy amplio, museos, plazas públicas, andadores y el propio casco del primer cuadro de la ciudad son muestra de esto.


Para estos jóvenes, el mismo descubrimiento del Centro, sus personajes, sus rincones, sus retos y oportunidades resulta de gran interés y comienza a estimular su imaginación y sus planteamientos como arquitectos. Ahora están al pendiente de lo que pasa en su entorno, saben a qué autoridad recurrir para corregir alguna situación anómala. Ya andan viendo cómo mejoran el edificio en que viven y sus alrededores. Sin duda, el barrio resulta altamente beneficiado por la implantación de estos nuevos habitantes.


De lo que se trata ahora es de ver cómo se multiplica esta tendencia de habitar contextos céntricos. Cómo se logra una verdadera marea de jóvenes, una nutrida avanzada que quiera compartir esta experiencia y tener así una vida más conectada con los procesos de la ciudad, más interesante, más vibrante y divertida, más plena. A pesar de las dificultades (siempre manejables y eventualmente resolubles) que no arredran a los jóvenes. Son adaptables y curiosos, inquietos culturalmente, carentes de los prejuicios de un pretendido “estatus”. Nada que ver con las inclinaciones de esas clases medias tan adictas a la “seguridad” de sus burbujas, a los coches a todas horas, a los centros comerciales y al cultivo de la apariencia de la “respetabilidad” de “cotos”, clubes y excluyentes modos conexos de vivir.


No es casual que un contingente considerable de estudiantes extranjeros silenciosamente habite ya en el Centro: están libres de ideas preconcebidas y saben por experiencia que los centros citadinos ofrecen grandes ventajas. En diferentes ciudades del mundo (París, Nueva York, Berlín, Barcelona…) la recuperación de las zonas centrales comenzó con la avanzada de pobladores sin complejos y con imaginación y energía: artistas, jóvenes, estudiantes (o sea, más talento e ideas por metro cuadrado); a ellos siguió luego la puesta en valor de esos contextos y la llegada de diferentes grupos sociales que consolidaron positivamente las zonas “redescubiertas”.


¿Cómo estimular este tipo de repoblamiento del Centro? La autoridad municipal tiene mucho que hacer. Elaborar un plan de aplicación inmediata de apropiación del Centro por los jóvenes: ubicar y difundir todas las posibles oportunidades de alojamiento, facilitar por todos los medios la reutilización inmediata de miles de fincas o plantas altas abandonadas; apoyar modestamente los arreglos domésticos necesarios, revisar las condiciones de seguridad, limpieza y servicios públicos; poner a disposición de la ciudadanía un teléfono efectivo para reportar cualquier asunto relacionado con la habitabilidad de sus entornos. Ya no podemos esperar: es preciso actuar.

 

Miércoles, 26 Febrero 2014

Texto: Juan Palomar Verea

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