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Espectáculos musicales en el centro de Guadalajara: la Caravana Corona.

Publicado en Historia

 

Diversas prácticas de esparcimiento musical han ocupado un lugar importante en la historia del entretenimiento tapatío. Tan sólo dos décadas anteriores a 1950, en Guadalajara pulularon salones para el disfrute de la música dancística como el Salón México, La Estrella, El Batán, El Pajar y El Profundo. En estos lugares, las parejas bailaban los ritmos de moda interpretados por las orquestas de tipo tropical o norteamericano.[1]

 

Figura 2. El Informador, marzo 1, 1954: p. 4.

 

 

 

Para la década de 1950 las opciones para el divertimento musical parecían aumentar. Más allá de los conciertos de música clásica organizados por Juventudes Musicales A. C. y Conciertos Guadalajara A. C., o de los festivales y audiciones gratuitos organizados por el Ayuntamiento en espacios públicos, predominó un tipo de espectáculo basado en la Variedad.

 

 

Los espectáculos de variedades presentados en clubes, casinos, caravanas y en televisión, elaboraron sus programas a partir de la inclusión de una diversidad abigarrada de música popular, shows de vedettes, sketches de cómicos, malabaristas, etc. Además de la variedad, uno de los principales atractivos de estos espectáculos era su elenco, a menudo conformado por artistas consagrados como “ídolos de las multitudes” por los medios masivos, principalmente el cine, la radio y la televisión.

 

 

Las industrias culturales de la época fueron constituyendo poco a poco la fisonomía del “gran público” mexicano, dando como resultado una atracción masiva en espacios y tiempos de ocio específicos. Por ejemplo, la compañía disquera RCA financió un programa llamado Tiempo de estrellas, transmitido cada domingo a las 20:30 horas en el canal 2 de la televisión local. Con esta iniciativa, RCA pretendía constituirse como la primera en presentar “el más formidable conjunto de valores musicales que haya logrado reunir hasta ahora algún espectáculo electrónico”. Sus programaciones incluyeron artistas como Pedro Vargas, Elvira Ríos, Amalia Mendoza (La Tariácuri), mariachis, orquestas, bailarines, etc., presentados por un maestro de ceremonias.[2]  

 

No obstante, estos “espectáculos electrónicos” fueron solamente un complemento de las presentaciones en vivo; quizás el espectáculo de variedades más importante de esta década haya sido la Caravana Corona, a cargo de Guillermo Vallejo y su esposa Martha Badager de Vallejo, quienes de 1956 a 1982 pusieron en contacto con el público de casi toda la república a los artistas del momento.

 

 

Figura 1. El Informador, diciembre 27, 1958: p. 8.

 

 

En la Guadalajara cincuentera la Caravana Corona presentó de manera constante su “imponente caravana de artistas mundiales de cine, radio, teatro y televisión”, en su paso por la ciudad. Los espacios predilectos para este tipo de espectáculo masivo fueron la Plaza de Toros El Progreso y La Arena Coliseo, donde se ofrecían horarios y rangos de precios accesibles para todo tipo de público; por lo general presentaban dos funciones, a las 4 ó 5 de la tarde y a las 9 ó 9:30 de la noche, cuyo costo iba desde 3.00 hasta 8.00 pesos según la localidad. (Fig. 1).      

 

 

Por su parte, los casinos y clubes de la ciudad invitaban por medio de la publicidad a disfrutar de la mejor variedad. Lugares como el Astoria, Montparnasse, El Quijote, Casino Las Vegas, El Afro, La Quinta de las Rosas, El Navy Club, El Casbah, por mencionar algunos, presentaban elencos similares al de las Caravanas y los programas de televisión. La diferencia radicaba en los horarios y los precios, ya que la mayoría de estos lugares ofrecía funciones nocturnas (clubes nocturnos) y el rango de precios podía ser más elevado según la categoría del lugar. Predominaron en estos espacios las orquestas de tipo tropical o norteamericano, como la famosa Orquesta de Enrique Reyes. (Fig. 2).

 

 

Al iniciar la década de 1960, los espectáculos de variedades incluirían grupos de rock and roll formados por jóvenes estudiantes. En Guadalajara, los más representativos fueron Mike Laure y sus Cometas, Los Gibson Boys y Los Blue Boys, quienes se presentaron de manera constante en casinos y clubes, en Caravanas y en programas de televisión. Esta invasión de “ritmos modernos” marcaría un parteaguas, debido a que a partir de entonces comenzó a formarse un mercado musical específicamente dirigido a la juventud. Así, la vida musical de nuestra ciudad continuaría una constante e interminable transformación a lo largo de su devenir histórico.

 

 

 

Texto: David Moreno Gaona

CRONÓPOLIS

 
 



[1] César Delgado Martínez, “Bailes populares, salones y academias” en Antonio García Medina et. al., Música y danzas urbanas, Secretaría de Cultura-Gobierno del Estado de Jalisco, Guadalajara, Jalisco, México, 2005, pp. 195-206.

[2] Vid. “Tiempo de estrellas”, El Informador, diciembre 13, 1959: pp. 2 y 3.

 

 

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