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Mathias Goeritz en el Cabañas

Publicado en Arte Centro

Nos dimos una vuelta por la exposición temporal de Mathias Goeritz en el Hospicio Cabañas. Una tarde nublada, fresca en Guadalajara, hace la caminada desde Juárez y Galeana hasta el Hospicio un verdadero placer. Pasando la catedral se ven los inicios de la obra de la polémica Línea 3 y se escucha una protesta cerca del Palacio de Gobierno, fuera de eso la gente disfruta el esplendor del Centro Histórico de Guadalajara. De repente la caminata parece un ejercicio de relajación. ¿Hace cuánto que no me tomo una tarde de la semana para ir a ver una exposición de arte? Para disfrutar mi ciudad y salir de rutina.

 

 

 

 

Al llegar al destino, tomo una derecha hacia la exposición mencionada y a la entrada pregunto si puedo tomar fotos. “Con teléfono y sin flash joven” me responde una amable señorita que vigila la exposición. Leyendo un poco sobre el artista en puesta, Goeritz nacido en Alemania, llegó a México en 1949 después de haber estado un tiempo en el norte de África con su esposa trabajando en un proyecto de fotografía. El inventor de la “arquitectura emocional” vivió en Guadalajara alrededor de tres años con lo que fue suficiente para dejar huella en la ciudad. Por eso, a cien años de su natalicio, el Hospicio Cabañas en el corazón de la ciudad, recibe algunas de sus obras.

 

 

La primera parte es quizás visualmente la más atractiva. Se trata de figuras geométricas con diferentes colores y acomodos que sin duda fueron clientes de mi atención por unos cuantos minutos. Para Goeritz, darle color a las figuras era una manera de traerlas a la vida. Triángulos alineados uno tras otro en una exhibición y después el contraste de unas figuras amarillas que parecieran el desarrollo de un hotel contemporáneo mexicano con una pared pintada en azul metálico deleitan a la pupila.

 

 

Mas adelante en la exhibición me topo con lo que pareciera ser unos pedazos de pared sentados en el piso, más atrás una pared pintada en amarillo, cuyo contraste con la duela de madera de la sala de exhibición dan luz al cuadro que posa en la pared. Pareciera que el propio lugar es parte de la exhibición.

 

Unos metros más adelante y entro al área en donde se buscan resaltar algunos de los temas que Goeritz buscó plasmar en sus obras. El erotismo y lo ominoso son, aparentemente, temas recurrentes en algunas de sus obras, así como algún elemento espiritual que pudo haber surgido a raíz de la Segunda Guerra Mundial.

 

 

En fin, escucho la voz de la amable señorita: “Joven, vamos a cerrar en 10 minutos”, por lo que tomo camino hacia la salida y paso por una terraza en donde se están llevando a cabo los preparativos para un evento del Reino Unido. Empiezo a pensar en lo que pasará por la mente de  los británicos al dar esa misma caminata que yo hice, entrar al majestuoso Hospicio Cabañas con los murales de Orozco en las cúpulas y sentarse a tomar algo en las mesas puestas en la terraza cuadrada al estilo de una hacienda. Pienso entonces, que estos británicos que quedarán asombrados con la semblante belleza son privilegiados de haber estado aquí. Pero no nada más ellos, somos nosotros los tapatíos los que tenemos a nuestro alcance pasar una tarde en el marco de nuestro hermoso centro histórico.

 

 

 

Por: Germán Rosales 

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