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Mercado renacido

Publicado en Ciudad Centro

A casi dos años del incendio que consumió el inmueble que durante medio siglo ocupó el mercado Corona, acaba de inaugurarse, en el mismo solar, el nuevo edificio, el tercero que el mercado ha tenido en su ya larga historia, la cual suma 125 años.

 

 

 

Es cierto que aún hay pendientes con el nuevo edificio, que impiden su cabal funcionamiento. Ése es el caso de los dos niveles más profundos del estacionamiento subterráneo, los cuales acusan filtraciones de agua.

            Sin embargo, el nuevo mercado ya está ahí, a la vista de todo mundo, ocupado otra vez por los locatarios que despachaban en el inmueble anterior, y visitado por buena parte de la clientela que solía acudir antes del incendio del domingo 4 de mayo  de 2014.

            Más allá de los peros que algunos le han puesto al nuevo inmueble (que parece más un mall que un mercado tradicional, o que desentona con el entorno urbano del centro de Guadalajara), el mercado Corona literalmente ha vuelto a renacer de sus cenizas.

Y, gustos aparte, si se compara el nuevo edificio (obra del arquitecto Leopoldo Fernández Font) con el anterior, concebido por el finado Julio de la Peña y reducido a cenizas y escombros por el incendio de hace dos años, la comparación favorece al actual, pues el inmueble anterior estéticamente era menos que modesto, con el agravante del hacinamiento del lugar, lo que le daba un aspecto caótico y sórdido. Y por lo que hace a la catadura del nuevo edificio, una cosa es que sea un elemento nuevo en el centro de Guadalajara y, otra muy distinta, que tenga un mal aspecto.

Sí, es muy probable que si la convocatoria, lanzada a las pocas semanas del incendio del mercado Corona anterior, se hubiera dado un plazo más amplio que el mes establecido por las autoridades, hubiese habido una mayor participación de proyectos arquitectónicos y no sólo de Jalisco, sino de otros ámbitos, de modo que los integrantes del jurado, quienes de manera unánime se inclinaron por el proyecto que resultó ser del despacho Fernández Font y Asociados, hubieran tenido más opciones para elegir.

Sin embargo, el tiempo apremiaba y no sólo porque a la administración municipal de Ramiro Hernández le restaba un escaso año en el cargo, sino sobre todo porque urgía que los locatarios damnificados, instalados provisionalmente en la vía pública, contaran lo más pronto posible con un lugar adecuado para seguir desarrollando su actividad.

Pero aun cuando eventualmente se hubieran ampliado los plazos para la presentación de proyectos, nadie podía garantizar tampoco que aparecería un modelo arquitectónico de mercado notablemente superior al de los cerca de treinta proyectos que, bajo seudónimo, entraron a concurso, entre los cuales fue elegido finalmente el de Fernández Font y Asociados, pero no por dedazo, sino porque un jurado multidisciplinario consideró que ése era el mejor. Y para atajar cualquier habladuría, sospecha o suspicacia maliciosa, las autoridades tapatías tuvieron el tino de exhibir públicamente, en una exposición montada en la Sala de Cabildos del Palacio Municipal de Guadalajara, todos los proyectos concursantes.

Y por lo que hace a la construcción del inmueble, a partir del proyecto arquitectónico ganador, se hizo ciertamente a contra reloj y, como es ya común es tales casos, enfrentó diversos contratiempos e imprevistos que encarecieron su costo  y retrasaron su conclusión.

De suerte que la obra no pudo ser entregada a tiempo, es decir, antes de que terminara la administración de Ramiro Hernández. Y aun cuando éste, a fines de septiembre del año pasado y a unas horas de dejar la presidencia municipal de Guadalajara, discurrió inaugurar el nuevo mercado Corona, lo que realmente “inauguró” fue una obra inconclusa, tanto así que al día de hoy, casi siete meses después, aún se sigue trabajando en ella, no obstante que buena parte de los locales está en funciones desde hace un par de semanas.

Pero aun cuando el mercado ya va para su tercera semana en actividad, llama la atención que todos los locales de la planta baja, que dan a la flamante plazoleta de calle de Hidalgo, continúen estando desocupados y no se sabe qué uso se les va a dar. La propuesta de los proyectistas era que esa área exterior del mercado se mantuviera abierta hasta avanzada la noche, a fin de ofrecer --tal y como ocurre, por ejemplo, en el mercado Hidalgo de Guanajuato-- artesanías, souvenirs, golosinas, bebidas y platillos característicos, entre otros productos típicos de la región.

Ello no sólo se consideraba factible, sino deseable. Factible, porque el inmueble iba a contar --y cuenta-- con un porcentaje significativamente mayor de locales que el anterior. Y deseable, porque se buscaba que ese punto del centro de Guadalajara se mantuviera en actividad  después del horario en que cierra el comercio, y pudiera funcionar como un lugar amable de reunión con un café  o una nevería --o ambas cosas-- con mesas y sillas, así como locales donde se ofrecieran algunas de las creaciones más apreciadas de la gastronomía tapatía: tortas como las de La Playita o las de Gemma, pollo a la Valentina, tacos como los de Los Otates, tortas ahogadas, nieves como las barrio de San Antonio, tejuino como el de El Polo Norte o de otro lugar, etcétera.

Ésta sigue siendo otra de las asignaturas pendientes del renacido mercado Corona.

 

Juan José Doñán

Comentario hecho en Radio Metrópoli el 7 de abril de 2016 y reproducido con permiso del autor: Juan José Doñán 

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