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El desafio de la Conservación Patrimonial

Publicado en Opinión

Por Carlos Ramirez
Julio 2013

La noción de conservación patrimonial se ha ido modificando con el tiempo, desde las limitadas concepciones para inventariar, documentar o restaurar de comienzos del siglo XIX, a la profusión de leyes nacionales, recomendaciones y convenios internacionales sobre los principios de intervención en sitios de interés histórico, que van desde la Carta de Venecia de 1954, la Convención de la UNESCO sobre Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de 1972, la Carta de Cracovia del 2000, la de Atenas del 2003 y el Memo de Viena del 2005, entre otros muchos documentos producto de acuerdos internacionales. 

 

En el municipio de Guadalajara contamos con la Ley Federal de Monumentos, la Ley Estatal de Cultura (ley del Patrimonio Cultural de Jalisco y sus municipios) más un buen número de reglamentos, disposiciones y orientaciones cuyo objeto es proteger los bienes patrimoniales. Sin embargo el interés que las instituciones nacionales e internacionales manifiestan ante el concepto de conservación del patrimonio, que ha sido asimilado por cuerpos técnicos e instituciones educativas de nuestra ciudad, no ha descendido hasta el nivel de conocimiento de los ciudadanos, ni de muchos líderes políticos y sociales, para con ello mejorar sustancialmente el enfoque local en cuanto a la protección, conservación, rescate, restauración y gestión de los bienes patrimoniales.

 

El reconocimiento del valor social que significa mantener los objetos artísticos producidos a lo largo de la historia de la ciudad es muy relevante, porque nos sitúa ante referencias de tiempo y espacio necesarias para comprender nuestro devenir histórico y responder a cuestiones de identidad con testimonios simbólicos fidedignos. 

 

Como la noción de bien cultural abarca todas las manifestaciones de la actividad humana, e incluye un gran número de categorías -a las que recientemente se han incorporado los bienes patrimoniales inmateriales- conviene subrayar que para efectos de esta nota nos concentramos en los bienes culturales inmobiliarios para abundar en el debate sobre ésta categoría, en la cual el Patronato del Centro Histórico y Barrios Tradicionales de Guadalajara tiene algunas atribuciones en cuanto a protegerlos, difundirlos y por encima de todo procurar que se conviertan en fuente de riqueza social y económica.  En este sentido consideramos la ciudad central como un organismo vivo, enfrentado a una problemática grave, la cual ha tenido efectos perniciosos, principalmente por la falta de apreciación social, cuyo efecto más desalentador es la pérdida de bienes inmuebles de alto valor artístico, patrimonial, paisajístico e histórico.

 

El Centro Histórico como paisaje cultural adquiere un valor excepcional de gran significado que exige una visión de desarrollo para el territorio con el objeto de incorporar aspectos ambientales, económicos, culturales y sociales que demandan un trabajo institucional de primera calidad. La conexión entre registros históricos de edificios particulares con aspectos funcionales, físicos y visuales asociados, así como el carácter multisectorial de la economía del centro de la ciudad obligan a replantear la estructura institucional actual. 


Los cambios continuos en las funciones, la estructura social, el contexto político y las condiciones económicas de la ciudad se manifiestan con mayor incidencia en ésta parte de la ciudad, por tanto debemos reconocer e incorporar múltiples factores para entender la evolución de nuestro entorno y con ello establecer una plataforma de diálogo que permita hacer los ajustes institucionales necesarios. 

Se requiere un proyecto con visión de gran alcance que vuelva a colocar el corazón de la ciudad como capital regional, estatal y metropolitana. El desafío central estriba precisamente en recomponer el entramado institucional para reconectar de forma positiva a todos los actores que intervienen en el centro. 


El futuro depende por un lado del desarrollo de políticas públicas muy precisas sobre el devenir de nuestro legado de bienes culturales y por el otro de la participación de numerosos actores como: urbanistas, desarrolladores, conservacionistas, arquitectos, propietarios de los bienes inmuebles, inversionistas, residentes y ciudadanos.  Por tanto los esfuerzos y la tensión entre modernización, desarrollo y conservación deben abordarse de manera muy sensible y dentro de un marco institucional renovado, coherente y apegado a derecho.


La presencia del Ayuntamiento como guía y líder del proceso obliga al replanteamiento de dos instancias clave como: el Patronato y el Consejo de Colaboración Municipal para dotarlas de facultades técnicas y financieras que permitan orientar las actuaciones y garanticen la conexión emocional, de identidad y sentido de lugar fundamentales para contribuir al éxito cultural, económico y social del Centro. 


Obviamente se requiere rehacer y reconstruir la estructura institucional municipal para enfocar y concentrar los esfuerzos de numerosas unidades políticas, administrativas y ejecutoras, cuyas funciones tocan el corazón de la ciudad,  en los sectores culturales, turísticos, económicos y sociales, para orientar esfuerzos y evitar la dispersión de la atención y enfocarse en el cuidado que demandan los ambientes de alto valor histórico patrimonial. Esto requiere de parte de los funcionarios y las estructuras institucionales conocimiento de la historia, la cultura y los procesos sociales que dan origen a este entorno urbano, como oposición a consideraciones operativas desprovistas de contenido. Además conviene adecuar los procesos administrativos para reconocer una visión general y un marco de actuación sobre el Centro Histórico, para integrar e implementar proyectos coherentes con la tipología y morfología del contexto, pero que a la vez permitan conservar, rehabilitar y reciclar el tejido urbano y los inmuebles y espacios de mayor valor cultural.


Una gran limitación para la apreciación social de nuestro patrimonio es la escasa difusión y promoción que de él se hace.


De los casi 15,000 inmuebles inventariados en el Perímetro A, 551 se encuentran dentro de las tres categorías más altas de la clasificación: Monumento Histórico por Determinación de ley, Monumento Histórico Civil Relevante y Artístico Relevante. Adicionalmente existen más de 2,000 inmuebles clasificados con valor Histórico Ambiental y más de 7,000 con valor Artístico Ambiental. 


Este gran legado cultural conformado por un tejido urbano singular, que muy pocas ciudades del mundo se pueden jactar de poseer, es sujeto de derribos, alteraciones y vejaciones de todo tipo por parte de los propietarios y usuarios, principalmente por ignorancia, desconocimiento o voracidad inmobiliaria. La revalorización de estos activos patrimoniales depende por una parte de la construcción de una plataforma de diálogo entre las autoridades, los propietarios y usuarios de inmuebles, para alinear los diversos interéses sobre el centro en torno de una visión común y por la otra configurar un nuevo marco institucional para abordar integralmente el problema.  

 


Arq. Carlos Ramírez Castro. Director General del Patronato del Centro Histórico y Barrios Tradicionales de Guadalajara.

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